martes, 13 de junio de 2023

 

HISTORIA DE LA SUERTE DE VARAS

(1ª parte)

En la Maestranza de Sevilla de 1832, mientras las mulillas arrastran a un toro, en el ruedo hay tres picadores y un jaco muerto, al que un par de mozos recolocan para que sea arrastrado al desolladero.

 

NACE LA SUERTE DE VARAS. –

 Francisco Romero, hipotético inventor de la muleta y primer estoqueador a pie, y el resto de los primitivos espadas, entre los que destacaron su hijo Juan de Dios Romero, los hermanos Félix, Juan, Pedro y Manuel Palomo, sevillanos al igual que Manuel Bellón “El Africano”, o los norteños José Leguregui “El pamplonés” y el famoso vasco Martín Barcaíztegui “Martincho”, constituyen el nexo de unión y de transición desde el toreo caballeresco, que predominó en la baja edad media y toda la edad moderna, hacia él, entonces, recién creado e incipiente toreo a pie.

Es, precisamente, el toreo caballeresco a la jineta, el precursor del tercio de varas, origen y razón por la que, los picadores, como herederos de los caballeros alanceadores, lleven la chaquetilla bordada en oro, por corresponder a su papel protagonista que, originariamente, compartía de igual a igual con el diestro a pie que banderilleaba y mataba a la res, auxiliados ambos por los que eran meros “subalternos”, que vestían de plata.

La vieja plaza de Madrid de la Puerta de Alcalá (1749-1874). En primer término, un varilarguero y un matador de toros, ambos de igual tamaño y posición, muestra de su similar importancia.

 

Para la práctica del toreo a pie, cuyo acto fundamental, además de parchear y poner banderillas, era entrar a matar con la espada, se precisaba ahormar al toro o sea, rebajar su “engallamiento” o altura de cabeza, y atemperar su embestida o sea, aminorar su fiereza natural, y eso lo conseguía el picador hiriendo con la punta de la garrocha en el morrillo o pelota de la res.

Dice José Sánchez Neira en El Toreo, su Gran Diccionario Tauromáquico que: “al rejoncillo, usado por los caballeros después de la lanza, sucedió la vara de detener, o sea la garrocha, que para el acoso y encierro de reses en plazas usaba la gente del campo”.

Alanceador de la Tauromaquia de Goya y caballero con la vara de detener, del siglo XVIII.

 

Y esa garrocha o vara de detener, en manos del picador, hace que éste pase a ser el protagonista del primer tercio de la moderna lidia, aunque, lógicamente, desde su inicio en el último tercio del siglo XVIII, su forma de actuar era muy diferente a la de hoy día porque, como todo el toreo, ha evolucionado, en unos casos para convertirse en arte y en otros, por desgracia, para perder lo que de arte tenían.

La suerte de varas se comenzó a regular, como primer tercio de la lidia, a finales del siglo XVIII, siendo a partir del año 1775 cuando empezó a adquirir entidad propia, coincidiendo con la reglamentación y profesionalización de las modernas corridas de toros de a pie, que se establecen a raíz de la llegada a los ruedos taurinos de los matadores que adquieren renombre de postín, cuyo primer exponente fue “Costillares”, y culminó en competencia con la pareja formada por Pedro Romero y “Pepe-Hillo(Ver nota 1).

 

LA IMPORTANCIA DE LA SUERTE DE VARAS. –

Pepe Hillo”, en su “Tauromaquia o Arte de torear”, editada en la imprenta de Ximénez Carreño de Cádiz, en 1796, fue el primero en resaltar, por escrito, la importancia de los picadores en la lidia: “La suerte de picar de frente a caballo es la más arriesgada que se ejecuta”.

Con esta frase, además de ponderar la valentía de los picadores, reconocía implícitamente el conocimiento de terrenos que debían de tener para enfrentar los desprotegidos pechos de su caballo, a un toro recién salido al ruedo, ya que el primer picador en suerte, esperaba a la res de salida en los terrenos próximos a la puerta del toril y, el desarrollo de su misión, era mucho más dilatado en tiempo que los breves simulacros en el que hoy en día se ha convertido el primer tercio de la lidia.

Izquierda: en Madrid, plaza de la Puerta de Alcalá, a mediados del siglo XIX. Derecha: picando en el tercio a principios del XX.

 

El del castoreño, con su cabalgadura sin protección, realizaba la suerte de varas al encuentro, a veces a caballo levantado, otras enfrentado en rectitud, cara a cara, o atravesado, y siempre en el terreno más propicio, en función de las condiciones del toro. Lo normal, en aquellos tiempos, era que el encuentro se llevara a efecto en los medios, o en las proximidades del centro de la plaza, siendo también admisible que la reunión se hiciera a mitad de camino entre las tablas y el centro, o sea en los tercios y, en función de las condiciones del toro, también se podía picar con el caballo pegado a tablas o, a la inversa, con el toro cerrado hacia la barrera. Siendo fundamental y sabido por todos los picadores de la época, sacar al toro de sus querencias, sobre todo a los más fuertes y peligrosos, para evitar qué, al encontrarse en los terrenos más cómodos para ellos, se crecieran en la pelea y resultara difícil ahormarlos para el resto de la lidia (Ver nota 2).

Fotos de otros tiempos: Picando sin peto y en los medios… cuando el caballo y el picador estaban desprotegidos.

 

Es evidente que, en los inicios y durante muchos años, las circunferencias concéntricas o “rayas de picar” no existían. Se inventaron mucho más tarde, con la finalidad de proteger al caballo y al picador, dándole la ventaja de estar al abrigo de las tablas y no en el terreno abierto del tercio o los medios. O sea que, originariamente, las “rayas de picar” tenían por objeto una finalidad muy diferente a la que, hoy día, suele malinterpretar el público en general (Ver nota 3).

 

N O T A S. -

 

NOTA 1.- José Delgado Guerra “Pepe Hillo” nació en Sevilla en 1754. Con 15 años formaba parte de la cuadrilla del rondeño Juan de Dios Romero, en 1770 iba a las órdenes del sevillano Damián Gallo, en 1771 era subalterno de José Cándido Expósito y en 1774 de Joaquín Rodríguez “Costillares”, pasando en 1775 a ser primer espada y jefe de cuadrilla. Compitió con el propio “Costillares”, que era cinco años mayor que él, y, sobre todo, con Pedro Romero el de Ronda, que tenía su misma edad. Al retirarse este último en 1799, dejó a “Pepe Hillo” como el líder absoluto del toreo a pie, liderazgo que le duró muy poco tiempo, pues el 1 de mayo de 1801, el toro “Barbudo” del ganadero de Peñaranda de Bracamonte, Don José Gabriel Rodríguez, lo mató de una cornada en el pecho en la plaza de toros de la puerta de Alcalá de Madrid.

NOTA 2.- Hoy día se tiene la idea de que la suerte de varas sirve para restar fuerzas al animal y, al mismo tiempo, medir la bravura del mismo. Sin embargo, el cometido que el picador tenía, en su origen, como verdadero objetivo, era ahormar al toro para que, en los otros dos tercios de la lidia, o sea el de banderillearlo y el de darle muerte, se pudieran realizar con más facilidad y mejores resultados. Y ahormar no es lo mismo que restar fuerzas. Ahormar es castigar la zona que le hace mantener al toro la cabeza alta y, en consecuencia, que la baje y permita banderillearlo y entrarlo a matar más fácilmente. Por el contrario, restarle fuerzas es hacer oposiciones a que el toro ruede por los suelos y le cueste trabajo mantenerse de pie. Por otro lado, la bravura o mansedumbre se prueba tanto en el caballo como en otros lances y momentos de la lidia. Y, desde luego, el hecho de que un toro vaya raudo y de lejos la primera vez que acude al caballo, no significa nada, porque no sabe que allí lo van a castigar. Sí se podría apreciar si el toro entrara al caballo, no ya una o dos veces como ahora, sino hasta diez o doce veces como antiguamente, y lo hiciera con prontitud y desde la distancia, entonces si demostraría su bravura.

NOTA 3.- La primera “raya de picar”, que queda más próxima a la barrera, se empleó por vez primera en la corrida de la Feria del Pilar de Zaragoza del día 16 de octubre de 1908, en la que se lidiaron reses de Pablo Romero, cuando aún no existía la protección del peto. La idea era obligar a que se picara en la cercanía a las tablas, evitando la desprotección que, para caballo y picador, suponía salir a hacerlo en el tercio o en los medios. Dicha “raya de picar” se estableció como obligatoria en todas las plazas a partir de la temporada de 1917. En el Reglamento Taurino de 12 de julio de 1930 se establece en su artículo 40 que “la circunferencia concéntrica con la barrera tendrá un radio equivalente a las dos terceras partes del de la circunferencia del ruedo y no podrá rebasarse por los picadores”. La segunda “raya de picar”, o sea la más alejada de la barrera, se empezó a pintar años más tarde, cuando ya existía la protección del peto, a instancias de Domingo Ortega, que la recomendó para evitar que se pudiera meter al toro debajo del caballo a base de capotazos, pero no fue obligatoria hasta la temporada de 1959, y se reguló por primera vez en el Reglamento Taurino de 1961 diciendo que la primera raya debía situarse a siete metros de la barrera y la segunda a nueve. En el reglamento de 1992 se aumentó la distancia de la segunda raya hasta los diez metros. En el vigente Reglamento de 1996 modificado en 2001, se establece en su artículo 72, puntos 2, 3 y 5 que “el picador obligará a la res por derecho sin rebasar el círculo más próximo a la barrera…, la res deberá ser puesta en suerte sin rebasar el círculo más alejado de la barrera… y si la res no acudiera al caballo después de fijarla por tres veces, se pondrá en suerte sin tener en cuenta el señalado círculo”.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

(CONTINUARÁ)










 

 

COCIDO TAURINO CON EL MATADOR DE TOROS JUAN DE CASTILLA.

 

El pasado viernes nos reunimos un grupo de aficionados, como viene siendo habitual, en el restaurante Casa Miguelin y dimos cuenta de un suculento cocido. A los postres tuvimos una interesante tertulia con el matador de toros colombiano JUAN DE CASTILLA, el cual nos relató su vida taurina empezando en su país natal, siendo hijo de una familia humilde, se decantó por ser un torero para después de un tiempo y con la ayuda del escultor Fernando Botero, llegar a España y más concretamente a Fuentelencina, donde en el CITAR (centro internacional taurino de alto rendimiento) se formaría como persona y como torero. Su intención y por lo que está luchando, es confirmar la alternativa en Madrid.

La tertulia estuvo muy entretenida y muy didáctica, sobre todo cuando nos hablaba de torear al hilo y torear cruzado. Igualmente salió a relucir la plaza de Madrid y concretamente el tendido del 7, lo cual propició diversas intervenciones de los asistentes tanto a favor como en contra de la actuación de parte de dicho tendido.

Juan es una persona humilde, pero a la vez muy locuaz, dando mucho “juego” en nuestra reunión.

Le deseamos mucha suerte e incluso sería bueno que la plaza de Guadalajara, tuviera en cuenta a este torero que, aun siendo colombiano de nacimiento, se siente uno más en nuestra tierra alcarreña y pasea el nombre de Guadalajara por donde va.

 

Ahora en el verano descansamos y empezaremos una nueva temporada (la 34) el próximo 1 de setiembre de 2023.

 

Manuel López.

martes, 30 de mayo de 2023

 El próximo cocido, lo celebraremos el viernes 9-6-2023. Para esta ocasión contaremos con la presencia del matador de toros colombiano JUAN DE CASTILLA, torero que se ha formado en el CITAR de Fuentelencina y allí reside como un paisano más. Diestro muy honrado con su profesión y que sigue intentando hacerse con un hueco en el escalafón de matadores.

Los que deseéis asistir, comunicarlo antes del 6-6-2023.

Restaurante CASA MIGUELIN


Dia 9-6 a las 14,30 horas



lunes, 29 de mayo de 2023

 

LENGUAJE TAURINO

Y CULTURA POPULAR

Por Cayetano Melguizo



 

La “cultura popular” está forjada por el carácter de un pueblo, por sus manifestaciones profanas y religiosas, por sus tradiciones, sus formas de hablar y sus expresiones. Es lo que distingue, en un momento temporal determinado, a la gente de un territorio de la del resto del mundo.

Esa “cultura popular”, modelada a lo largo de muchos años, posiblemente de siglos, se manifiesta en la manera de vivir de un pueblo, en sus fiestas y ceremonias, en su desarrollo artesanal, en sus expresiones artísticas, en sus creencias, en su carácter colectivo y hasta en la manera de hablar de su gente.

La utilización de términos y frases con los que un pueblo denomina o califica actitudes concretas, son parte de su “cultura popular”. No es baladí que en México se diga “ahorita mismo”, o “ándele compadre”, y que en Argentina se usen vocablos como “boludo” o “colectivero”.
Hay expresiones, que usamos normalmente, de las que no tenemos conciencia de su origen o de su significado, como ocurre en la anécdota de aquel ateo que llegó a una reunión de colegas diciendo: “a la paz de Dios, hermanos”; y el miembro principal del grupo le dijo: “¿Cómo a la paz de Dios?... ¡sal fuera y vuelve a entrar, saludando como Dios manda!”.
En España empleamos asiduamente muchas formas lingüísticas que pertenecen al mundo taurino, confirmando, con ellas, que la tauromaquia está inmersa en nuestra “cultura popular”, incluso para aquellos antitaurinos que son “ateos” de nuestra Fiesta Nacional.

En una conversación trivial entre gente del pueblo llano, sin necesidad de que sean taurinos, pueden decirse cosas como las que siguen:

-        ¿Qué tal en tu trabajo?

-        Fatal, estoy a punto del acoso y derribo.

-        Pero… ¿no eres capaz de coger al toro por los cuernos?

-    Estuve a punto de entrar a matar, pero me dieron una larga cambiada y terminé entrando al trapo.

-        Pero, échate la muleta a la izquierda y dóblate por bajo.

-     He intentado cambiar de tercio, y de templar y mandar, pero me dicen… al hilo de tal cosa… y vuelven a entrarme en corto y por derecho y con ganas de rematar la faena.

-        Pues sáltatelos a la torera y les das la puntilla.

-      Qué fácil se ven los toros desde la barrera, pero cuando estás a punto de entregar los trastos y sientes que estás para el arrastre, solo piensas en que no haya quinto malo.

-    O sea, que estás barbeando las tablas y esperando que alguien te echara un capote.

-      Pues sí, aunque a toro pasado me digo que más cornadas da el hambre y que, o me pongo el mundo por montera o me corto la coleta, y que hasta el rabo todo es toro.

 

Todas esas expresiones, con uso y significado en mundo taurino, adquieren un sentido de equivalencia cuando las empleamos en nuestro lenguaje coloquial. Veamos algunos ejemplos:     


“A toro pasado”:

Expresión taurina que se emplea cuando el torero arrima su cuerpo al del toro, una vez que la cabeza del mismo ha pasado y, también, cuando hace un desplante o un adorno con el toro retirado, a distancia y carente de peligro.

A nivel popular se aplica a quien hace o dice algo a destiempo, o da una solución cuando el problema ya está resuelto. Suelen acompañarse de frases tales como: “esto ya lo dije yo” o “esto ya lo sabía yo”.

Adornándose “a toro pasado”; y una collera practicando el “acoso y derribo”

 

“Acoso y derribo”:

Faena a campo abierto en la que, por colleras a caballo, se persigue a una res y se le hace caer empujándola con una garrocha en los cuartos traseros. Sirve para medir la bravura de las reses, antes de tentarlas en plaza cerrada.

Popularmente esta frase se aplica cuando a una persona se le critica y minusvalora todo lo que dice o hace, para que se sienta abatido y arrinconado.

 

“Barbear las tablas”:

Define la acción de un toro moribundo, a punto de doblar, que camina lentamente con la cara pegada a las tablas de la barrera hacia su querencia natural.

En lenguaje popular se emplea cuando alguien, a sabiendas de que un problema no tiene solución, sigue buscándola de forma torpe y lenta para, finalmente, transigir.

Un toro “barbeando las tablas”; y los clarines y timbales “cambiando el tercio”


“Cambio de tercio”:

Toque de clarines y timbales que marca el termino de cada una de las tres partes en que se divide la lidia, y el paso a la siguiente. Es ordenado por el presidente de la corrida, que lo indica sacando un pañuelo blanco.

En su uso cotidiano, sin necesidad de que se trate de una tercera parte, indica que el tema de debate o diálogo está agotado y hay pasar a otro asunto, o que la actividad que se desarrolla está terminada y hay que cambiar a otra tarea.

“Coger el toro por los cuernos”:

En las actividades taurinas, no se coge al toro por los cuernos, salvo los forçados portugueses, cuyo hombre de cara o primero de la fila se deja “encunar” abrazándose a la cepa de los cuernos y, a continuación, los siete restantes hasta conseguir frenar la embestida y reducir la acometividad de la res. También en las faenas camperas de herrar, marcar y señalar a las reses añojas, se inmovilizan y reducen, cogiéndolas por los cuernos.

En el lenguaje coloquial, esta expresión indica que se ha actuado de forma resuelta, sin dar rodeos, a la hora de enfrentarse a una dificultad.

Forçados “cogiendo al toro por los cuernos”; y el acto de “cortarse la coleta”

 

“Cortarse la coleta”.

Acto solemne con el que un torero pone fin a su vida activa. Antiguamente los toreros se hacían una trenza o coleta de su propio pelo que la recogían en un moño o “castañeta”, y se la cortaban cuando se retiraban. En los años 20 del siglo pasado, Juan Belmonte, sustituyó la trenza de pelo natural por un postizo y, desde entonces, “cortarse la coleta” es un acto puramente simbólico.

Coloquialmente “cortarse la coleta” significa abandonar una actividad concreta. Cuando alguien deja de practicar un trabajo, deporte, arte, afición o profesión, dice “me he cortado la coleta”.

“Dar la puntilla”:

Cuando un toro, se echa herido de muerte, el cachetero o puntillero le da un final digno y rápido, con un golpe en la nuca, que secciona la medula espinal y le causa la muerte inmediata e indolora.

En el lenguaje coloquial, empleamos esta frase para dar a entender que alguien está tan apabullado, acogotado o humillado, que solo falta “darle la puntilla” para “rematarlo” en su fracaso.

Cachetero “dando la puntilla”; y dando una “larga cambiada” de rodillas.


“Dar una larga cambiada”:

“Larga cambiada” es un pase de capote, mitad farol mitad revolera, en el que se cita de frente y se tira del engaño por encima de la cabeza, con la mano contraria al de salida, cambiándole el vieje al toro. Es frecuente ejecutarlo de rodillas a la salida del toro al ruedo, a “porta gayola”.

En el lenguaje cotidiano, indica el momento en que alguien cambia el sentido o intención de una conversación y la deriva hacia un fin o conclusión diferente.

 

“Doblarse por bajo”:

En términos taurinos es encadenar, genuflexo, pases con la muleta muy baja, Si es al comenzar la faena, para ahormar la embestida, encelar al toro y que meta la cabeza en el engaño, en cualquier momento como “macheteo” o castigo, y al al final para cuadrar a la res y entrar a matar.

En conversaciones cotidianas, empleamos esta frase cuando alguien se lleva a otro a su terreno, lo encela en la conversación y lo lleva por donde le conviene, o bien si lo fustiga con frases incitantes para ponerlo nervioso y llevar la conversación a donde más le favorece.

Matador “doblándose por bajo”; y peón acudiendo a “echar un capote”

 

“Echar un capote”:

Acción que se ejecuta cuando un toro pone en apuros a alguien. Ejemplos: un picador es derribado o un torero es desarmado y quedan al descubierto, y un tercero mete su capote en la cara del toro y se lo lleva. Es equivalente a “hacer un quite”.

En el día a día, es la forma de indicar que alguien interviene, metiéndose en medio de una conversación, cuando uno de los dialogantes esta “acorralado”, y deriva el dialogo hacia otro tema, sacando oportunamente del apuro al que lo está.

 

“Echarse la muleta a la izquierda”:

En el mundo del toro se dice que “las grandes faenas se hacen con la mano izquierda”, que “los grandes maestros son buenos muleteros zurdos”, y que “con la mano izquierda es con la que gana los billetes”.

Coloquialmente, esta frase indica el momento en que alguien comienza a esgrimir argumentos potentes y convence con sus planteamientos. Por ejemplo, en una negociación, cuando alguien consigue exponer argumentos convincentes que desarman al oponente.

El matador se ha “echado la muleta a la izquierda; y después “entra en corto y por derecho”

 

“En corto y por derecho”:

Es la forma correcta y contundente de entrar a matar a “volapié”, yéndose detrás de la espada a toro parado. Y cuando así lo hace el torero, es porque no se tiene dudas y la estocada será contundente y eficaz.

En lenguaje popular esta frase se emplea cuando alguien realiza una acción o da un argumento, sin rodeos, con eficacia y contundencia y, normalmente, de forma inesperada.

 

“Entregar los trastos”:

Es cuando el mozo de espadas le da la muleta y el estoque al matador, para el último tercio y, de forma solemne, también lo es cuando el padrino le da la alternativa al neófito. Significa que ha llegado la hora de la verdad.

En la vida cotidiana, indicar el momento en que un neófito, aprendiz, ayudante, pasante o segundo de a bordo, accede a ocupar el puesto de más arriba. También se emplea esta frase en el relevo de los trabajos a turnos. Y, en sentido funesto, cuando se está en trance de muerte: “está a punto de entregar los trastos”.

Momento de “entregar los trastos” en una alternativa; y el toro, una vez muerto “está para el arrastre”

 

“Estar para el arrastre”:

Cuando el toro ha entrega su bravura en la plaza, va agotando sus fuerzas hasta la muerte, momento en que es arrastrado por las mulillas hasta el desolladero.

En lenguaje popular, se dice que una persona “está para el arrastre” cuando sus fuerzas, físicas o mentales, están bajo mínimos y su rendimiento empieza a ser nulo.

 

“Hacer hilo” o “al hilo”:

En el argot taurino, se dice que un toro “hace hilo” cuando persigue a alguien y, sin hacer caso a ningún otro reclamo o quite que desvíe su trayectoria, pone en apuros al perseguido.

A nivel de calle, se emplea tal expresión cuando se pasa de un asunto a otro con el que guarda relación. Es ligar un tema con otro diferente sin interrupción y sin romper la continuidad.

En San Fermín, el toro “hace hilo” con algún corredor; y un bonito ejemplar en el que, desde los pitones “hasta el rabo, todo es toro”

 

“Hasta el rabo todo es toro”:

Frase taurina que es una obviedad y significa que todo el toro tiene peligro. Que además de los cuernos, el toro es un animal imprevisible, capaz de volverse en un pañuelo, de dar una coz, o de soltar el rabo a modo de látigo.

Igual ocurre en la vida normal. Cuando creemos que ha pasado el momento importante o crucial, nos sorprende cualquier imprevisto. No hay que bajar la guardia ni relajarse hasta asegurar que no hay ningún cabo suelto, que “el toro ha pasado hasta el final, o sea, hasta el rabo”.

  

“Hay que entra a matar”:

Frase taurina que indica llegado el momento de cuadrar al toro y buscarle la muerte. Una faena excesiva pone al toro “gazapón” o se aquerencia en tablas y es difícil entrarle a matar. Y cuando un toro está parado, es manso y peligroso, es licito abreviar para entrarle a matar.

En nuestras relaciones de calle, también hay que darles solución a los problemas a su debido tiempo. Hay que tener decisión para rematar un problema sin dilación, y se suele decir “hay que entrar a matar”.

El gran Rafael Ortega “El tesoro de la Isla”, “entrando a matar”; y un grupo de “maletillas” a los que “más cornadas les daba el hambre”

 

“Más cornadas da el hambre”:

Antiguamente, los más humildes, desde niños, querían ser toreros, para ganar dinero y vivir con desahogo. Fue Manuel García Cuesta “El Espartero”, que recibió 23 cornadas en su corta vida, quien dijo: “más cornás da el hambre”, como respuesta a un subalterno que le advirtió: “cuidao maestro quel toro es peligroso, vaya a darle otra corná”.

Frase que suele emplearse como jerga popular, cuando alguien hace algo que supone un riesgo, y no lo hace por gusto sino por necesidad.

 

“No hay quinto malo”:

Antiguamente, el orden de salida de los toros lo establecía el ganadero, y reservaba el de mejor reata y reseña como segundo del diestro más garantía, o sea de quinto. En agosto de 1896, Luis Mazzantini, con permiso, pero sin convencimiento, de Rafael Guerra “Guerrita”, impuso la norma de hacer lotes y sortear las reses entre los matadores.

En la vida cotidiana, cuando se espera conseguir algo, después de varios fracasos, se suele decir: “sigue, que no hay quinto malo”.

Cartel anunciando al 5º de la tarde y… “no hay quinto malo”; y torero calándose “su montera” o “poniéndose al mundo por montera”

 

“Ponerse el mundo por montera”:

Cuando el torero se cala o mete la montera que cubre y protege la cabeza, antes del paseíllo, ya no hay marcha a atrás, hay que salir a lidiar la corrida.

En lenguaje de la calle, decir “se ha puesto el mundo por montera”, equivale a asumir riesgos físicos, económicos o de prestigio, o incumplir las normas despreciando las consecuencias.

 

“Rematar la faena”:

El final de toda faena es el buen uso de los aceros. Pero si ha tenido brillantez, una serie de pases vistosos, armoniosos, con gracia, estilo y belleza estética, sirven de coda final o remate de la faena.

Coloquialmente también se dice “rematar la faena” al colofón de un trabajo o de una acción, que perdería importancia, sino tiene un remate final. Siempre hay que “rematar la faena” para darle brillantez al final.

Caen sombreros para premiar el precioso “remate a una gran faena”; y un natural en el que el torero “sabe templar” y embeber al toro en la muleta.

 

“Saber templar”:

Un torero templa la embestida del toro, cuando lo lleva embebido en la muleta, al compás o tiempo que él le marca, sin que los cuernos toquen el trapo, desde el inicio del pase, hasta rematarlo, lo más largo posible.

Cuando en la vida cotidiana, se lleva el ritmo adecuado de un trabajo, negocio, o cualquier acción, como garantía de éxito, se dice que “sabe templar”. Es lo contrario a la precipitación que lleva al fracaso o a la chapuza.

 

“Saltarse a la torera”:

El profesional “salta a la torera” pasando por encima de las tablas de la barrera, cuando se ve comprometido. Apoyando una o ambas manos en el borde superior, impulsa el cuerpo con las piernas unidas, para caer de pie en el interior del callejón. También se dice que “toma el olivo”

En lenguaje vulgar, “saltarse a la torera” se emplea cuando, ante una situación comprometida, se salva con facilidad y soltura. Y también cuando alguien deja de cumplir con un deber, una obligación o una norma.   

El banderillero ha llegado a la barrera y la ha “saltado a la torera”; y desde detrás de ella, está “viendo los toros desde la barrera”

 

“Ver los toros desde la barrera”:

Taurinamente hablando, se dice de quienes, estando lejos del albero y, por tanto, del peligro, opinan sobre lo que debe, o no debe, hacer quien está delante del toro. “Ve los toros desde la barrera” quien está en el tendido o cualquier localidad alejada del ruedo, y dice de cómo hay que torear.

En lenguaje popular se dice que “ve los toros desde la barrera”, quien opina sobre cualquier problema y su solución, sin estar implicado en el mismo y sin a correr los riesgos que se deriven.

 

 

Esta muestra de, tan sólo 24 frases, es una pequeña parte de las múltiples expresiones o términos propios del mundo del toro, que están integrados en nuestro lenguaje de uso cotidiano, y que las aplicamos a situaciones que, con frecuencia, se repiten en nuestras relaciones sociales. Es una prueba más del entronque que la tauromaquia tiene en la sociedad española y en sus expresiones lingüísticas que, hasta los enemigos más contrarios a nuestras tradiciones, también las utilizan cuando hablan, porque, aunque ellos no se den cuenta, suelen “meter la cabeza” y “entrar al trapo” con bastante facilidad.

Cabanillas del Campo (Guadalajara) 25 de mayo de 2023